Fraude…
Donde se esconden los fraudes?
Porqué siempre nos
sorprenden malamente sus apariciones “inesperadas”?
Después de tantos siglos y
centurias ¿hay un lugar para la sorpresa y la indignación frente a la
ignominia, como si nunca nos hubiera pasado?
Se me figura cual si fuera
un espacio que guardamos tan celosamente, como la oscura necesidad de que
aparezca aquello que lo encienda…
Como si la inflamación
buscara su ignífugo “natural”
Como los opuestos que se necesitan para tener razón de ser…
Como el amor y el odio en
una espiral interminable de presencia…
Donde se esconde nuestro
destino de malestar?
Porque permanece quieto al
acecho de sus motivos...?
Qué lo urde en lo
invisible?
Qué barrera tan imposible
lo protege de nuestros sentidos.. hasta el momento justo de la hoguera?
Tan ajeno se nos presenta
que sus motivos nos son tan habituales?
O acaso no sabíamos, no
oíamos, no sentíamos el tremor de la tierra en nuestras plantas… que recurrimos
a cualquier absurda explicación que se nos presenta para justificar su
existencia?
Cuánta distancia entre
nosotros y nosotros mismos se necesita para desatar esta danza que nos fascina
y nos envuelve suponiendo que algo, o mejor, alguien más, la despliega frente a
nuestros azorados ojos?
O acaso soy capaz de a
justificar algo que esté fuera de mis razones o asombrarme de algo que escapa a
mis sentidos?

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